La prostitución desde la barra de un bar


Luisa Fernanda Torres Ascanio*

Todo comenzó en el 2016 cuando tenía 23 años, tuve la desilusión del primer amor, empezaron los problemas al punto que llegamos a la violencia física, tomé decisiones que cambiaron mi vida una de ellas separme y empezar a trabajar, luego de pasar muchas hojas de vida y buscar por muchos lugares finalmente me recomendaron para trabajar en un bar, el horario y el sueldo se ajustaban a lo que necesitaba en ese momento, fue allí donde aprendí muchas cosas relacionadas con coctelería, licores y bebidas; asistí frecuentemente a diferentes bares y atendí algunos eventos adicionales, hasta que un día serví en la barra a un apersona que me hizo una oferta laboral tentadora, trabajaría en lo mismo pero menos tiempo y con un mejor sueldo, fue así como llegué al bar las Mariposas en la Calle 19.

Me encuentro llena de nervios y algo de ansiedad, me sudan las manos y no entiendo qué es este lugar al que acabo de llegar, una puerta de metal que protege la entrada, cámaras en cada esquina vigilando el ingreso a cada cuarto, cuatro paredes en mal aspecto y cerca al baño unas escaleras amplias e iluminadas con luces neón que conducen a un segundo piso, el bar las Mariposas, uno de los bares más reconocidos de la calle 19 en Bogotá, rodeado de lugares donde la mafia encierra sin ningún tipo de derechos a las prostitutas, sus clientes ni hablar, personas consumidoras de drogas y alcohol, detrás de todo este sufrimiento estuve yo, contaré la historia de cómo desde la barra de uno de estos lugares se me aceleraba el pulso cada que veía a estas mujeres subir aquellas escaleras acompañadas de hombres que pagaban por sus servicios sexuales.

Cuando llegué, después de sentirme muy confundida por el lugar terrible en el que me encontraba y después de recuperar el aliento, pues pensé que estaba en peligro, pude hablar con él, lo llamaré “J”, me contó las condiciones de mi trabajo y las labores que desempeñaría en aquel lugar, acepté e inicié esa misma noche.

En mi primera noche atendí en un bar más pequeño y de menos volumen de clientes, pero fue en ese lugar donde la vi por primera vez, estaba organizando lo necesario para una movida noche de rumba cuando escuché una voz algo temerosa que me pedía una botella de ron, agua y pasantes para llevar a la mesa, entregué lo solicitado y me sentí incómoda pues su mirada estaba perdida, quizá bajo el efecto de alguna droga pensé y continué con mis labores, esa primera noche vi exactamente cómo era el funcionamiento del lugar, las meseras estaban para el placer sexual de los clientes y mi presencia las incomodaba, en la primera semana pude evidenciar cada cuánto y cuántas veces por noche podía cada mesera subir con clientes, el segundo piso tenía las habitaciones destinadas par el desarrollo de Actividades Sexuales Pagas.

Tatiana una mujer de 24 años de 1.68 de estatura, caucásica y de cabello negro muy largo, su cuerpo y sus senos se notaban marcados por un embarazo, pero una de las más solicitadas por los clientes frecuentes del lugar, cómo olvidar aquél miércoles en el que, por algunos acontecimientos en la zona, el bar quedó sin clientes, empezamos a hablar y me contó cómo había llegado a trabajar en esto, me contó que despertó sola en un cuarto pequeño, oscuro y mal oliente, decía que su única reacción fue gritar hasta mas no poder, pues no entendía lo que estaba pasando, luego de unas horas contaba con horror cómo un señor de baja estatura y gordo de apariencia aterradora, le dio una vestimenta algo atrevida y le pidió que fuera con él, así fue, al bajar vio a un montón de mujeres bailando en un tubo y otras bailando a hombres en las mesas, al intentar rehusarse a seguir caminando, la alzaron y tuvo que bailar en una mesa en el centro de unos hombres con apariencia de tener mucho dinero, la obligaban a pasar horas sin moverse y en silencio, bien sentada y con la cabeza agachada, las piernas juntas y las manos sobre las rodillas, no podía ni observar su rostro, se lo habían prohibido, dice que estaba bajo el efecto de alguna droga porque no se sentía tan consiente de lo que pasaba, junto tenía a otra mujer, aparentemente mayor que ella, bailaba de una manera tan sensual que solo veía cómo caía dinero al suelo cada segundo, luego de eso mira confundida hacia la barra en donde yo seguía recogiendo todo par poder salir a mi casa y me dice:
-“Pasaron unas cuantas horas más, cuando uno de los hombres de la mesa me toma del brazo y me lleva a un cuarto oscuro, allí ocurrió eso que tanto temía, sí, me habían convertido en una prostituta, en un abrir y cerrar de ojos mi vida había tomado un rumbo totalmente diferente, lloré y lloré desconsoladamente durante días, nunca me pegaron, pero me trataban como a un perro, si me movía lo más mínimo, me gritaban "zorra", "puta" y otras cosas que no quiero repetir, Luisa – dijo mientras me miraba con algo de ira- quiero salir de esto, yo quería hacer eso que usted hace pero como no estudié pues J no me dio la oportunidad además que quiere una vieja que no se emborrache ni se drogue para evitar que lo roben, por eso no me deja, pero después de tantos años aún le insisto para que me deje ayudarle con lo otro”, sonrió y se fue.

Después de varios meses de presenciar esos servicios como J lo llamaba me di cuenta que todo era un corrupto negocio para exprimir hasta el último céntimo de las prostitutas. Aparte de venderlas y quedarse con la mayor parte del dinero que ganaban debían pagar por todo, desde favores, llamadas, hasta abonar unas cantidades específicas por los meses de estadía y el cuarto que alquilaban, la ración de comida, por la que también les cobraban, consistía en alimentos de mala calidad. Si querían alimentarse mejor, no quedaba más remedio que encargar comida para que llegara con los pedidos de licor, todo esto fue un verdadero infierno, pues mi situación económica no era la mejor y mi deseo de buscar otras alternativas era alto, pero las posibilidades eran muy pocas.

Pasé tanto tiempo en la misma rutina una y otra vez durante meses que ya me había acostumbrado, el olor del cigarrillo se volvió habitual, sus pedidos y malas caras cuando debían atender a ciertos clientes y ese sentir de sudor frío y el pulso acelerado cada que la luz tenue de la escalera me permitía divisar a Tatiana subiendo con algún cliente, sentía temor de no verla bajar nuevamente, de que un loco la lastimara, pero me reía evitando el dolor por ella y pensaba que no había nada que la pudiera lastimar más que ese “antes” de llegar aquí del que no habla.

En nuestras charlas siempre estaba presente la idea de que ella debía salir de ahí por su hijo, que no veía en ese entonces hacía 1 año, pero siempre hablábamos de su estudio, su consumo frecuente de sustancias y la cantidad de dinero que, aunque J les quitaba mucho de lo que les pagaban, a Tatiana los clientes también le dejaban algo adicional como ella lo decía por ser una niña buena.

Pero recuerdo muy bien que el 14 de mayo de 2017 mientras Tatiana bailaba, veía como ocurría otro tipo de mafia, las drogas, y entendí que eso era lo otro a lo que Tatiana se refería, sí, lo vi como una alternativa que podía mejorar su calidad económica, me armé de valor y hable con J, luego de varios días argumentando las capacidades de Tatiana y de tener una mejor economía dentro de este mercado, me dijo que hablara con ella que le daría la oportunidad de ser quien moviera entre los bares algunas de las drogas que él manejaba; “mi libertad, ¡sí!” dijo Tatiana cuando le conté, eso quería decir que ya no tendría que acostarse con varios hombres por noche, ni bailar semidesnuda frente a hombres enfermos mentalmente, al día siguiente tuvo su primer acercamiento a la alternativa, ahora su trabajo consistía en atender a los clientes desde la barra junto conmigo y ofrecerles gran variedad de sustancias psicoactivas, y debía hacerlo también en los otros bares, desde la barra podía ver cómo todas y cada una de las mujeres que nos encontrábamos en este espantoso lugar, sufríamos de diferentes maneras, unas porque fueron engañadas como Tatiana, otras porque no tuvieron otra alternativa laboral, y otras que eran las hijas de las antiguas trabajadoras sexuales de este lugar y aunque no estábamos obligadas a permanecer, finalmente no teníamos muchas opciones.

En este punto no me queda más que contar cómo salí de aquel lugar y cómo Tatiana finalmente apareció muerta en la última noche que yo trabajaría en ese bar.

PARTE FINAL
Antes que Tatiana iniciara con su “otra labor” ya llevábamos varios meses atendiendo únicamente el bar principal, sólo para cada fin de mes por el cierre de inventarios yo iba al bar más pequeño, para hacer el control que J llevaba de sus negocios.

Al iniciar Tatiana con el transporte de sustancias entre los bares dejamos de hablar tan seguido pues su trato ya no era conmigo en la barra sino con los administradores de cada bar al que iba, estuvo un tiempo así pero al parecer esto fue una tarea más complicada para ella, pues finalmente varias noches tuve que ayudar a buscarla contactándome con los encargados de los demás bares, su adicción por las drogas y el fácil acceso que tenía al estar entregándolas hacía que J se enojara cuando ella tardaba más de lo debido, este mundo le complicaba su día a día y así fue cuando después de dos meses una noche la vi nuevamente en las mesas.

Hablamos durante la noche y le conté que estaba aburrida que ya no quería seguir ahí callando las injusticias de ver cómo trataban a las demás chicas, que había tenido algunos inconvenientes, estaba tan aburrida que había discutido con J por varias inconformidades y que sólo trabajaría 15 días más mientras le explicaba a la chica nueva lo que tenía que hacer.

Estábamos a mediados del 2017 cuando finalmente pasaron los 15 día para salir de aquel lugar, la nueva responsable de la barra era un mujer de confianza de J, tuvimos muy buena relación y nuestra entrega de labores fue todo un éxito, me sentía tranquila porque en esos días, como ella era la nueva encargada de todo, J y yo habíamos podido hablar y me agradecía por el tiempo que había estado ahí, me contaba cosas y yo ya no tenía tanta responsabilidad, así que por lo general siempre llegaba más tarde de lo habitual y acompañaba el cierre, siempre que llegaba hablábamos con Tatiana y sus ganas de salir de ese mundo, pero de las abismales diferencias de dinero que enfrentaría, así que empecé a pensar que aunque tuviera las ganas de salir de ahí el hecho de ganar menos no permitía que tomara la decisión de irse de aquel lugar.

Era mi última noche, o eso pensaba yo, el ambiente era igual, la música sonaba fuerte, las luces en los mismos tonos neón pero el bar era más grande, el olor a cigarrillo, la vergüenza de quienes entraban con la cara agachada pero a medida que bebían y disfrutaban de los show se desinhibían de sus culpas; en este lugar, a diferencia de aquel pequeño bar, las personas de la barra debíamos estar pendientes de la frecuencia con la que subían a cuarto las chicas, pues eran más y se debía controlar la frecuencia con la que la señora encargada debía organizar los cuartos y mantenerlos bajo llave, adicionalmente siempre que un cliente bajaba, primero debíamos verificar que en la habitación la chica estuviera bien.

Esa noche era quincena, esperábamos mucha clientela y así fue, el bar tuvo el lleno total, las meseras y bailarinas finalizaron la noche con bastantes propinas, más de lo esperado en un fin de semana habitual, Tatiana se encontraba completamente drogada pero me decía que hacía mucho no tenía una noche de esas y me dijo que no había podido atender a uno de sus clientes más frecuentes y me dijo –Luisa pero el man viene mañana ese no falla, se emputó porque no le puse cuidado pero el man entiende que a los otros hoy les estábamos cobrando más- no hablamos pues yo me enojaba cuando ella estaba muy drogada porque se ponía cansona y hacía bromas pesadas, sólo le dije cuánto debía por el uso de las habitaciones y las botellas que me habían pedido, me pagó y subió a celebrar con las otras chicas su grandiosa noche.

Finalizamos nuestro fin de semana y cuando me dispuse a despedirme de J me pidió que no le dejara el negocio así, me dijo “una última noche, la de inventario de fin de mes”, decidí ayudarle pues sabía que por ser lunes esa noche no tendríamos mucha clientela y por lo general en inventario se atendía a puerta cerrada, esa fue la última noche que vi a Tatiana. Sobre las 8 pm llegué al bar, dejamos un stock pequeño en la barra y empezamos a organizar todo en bodega, ella estaba en la pista bailando con un cliente y sobre las 10 pm llegó “el man” se acercó a la barra y me dijo – ¿vio? el man no falla, acabo de llegar pero ya viene como borracho- me dio algo de risa y vi cómo su silueta desaparecía en las escaleras llevando de la mano a su último cliente; terminé mis cosas y salí al poco tiempo de ahí pues no trabajaría hasta la madrugada y nunca más volví.

Era octubre de 2018 cuando se hizo un evento de amanecida de música electrónica, me contactaron para organizar todo lo de aquella noche, accedí, llevaba mucho sin trabajar en eso y pues un dinero extra de un evento como ese no me caería mal, al llegar al bar lo primero que hice fue preguntar por Tatiana, de las 25 chicas que conocí sólo quedaban más o menos 12 aunque las señora de aseo y cocina se mantenían, y una de ellas la mona me dijo – ¡uy Luisa!, ¿cómo así?, ¿usted no supo?- me quedé fría, pero una parte de mí decía, “pudo salir de esto y todo esta bien”, pero el tono de voz de la mona me indicaba que no era así.

La mona me contó cómo ese último día que yo estuve en el bar a la media noche notaron la ausencia de Tatiana, yo le decía -Mona si yo me fui y ella subió con un cliente de los que siempre venía-, ahí fue cuando la Mona me relató lo sucedido, habíamos terminado todo el inventario tan rápido que la niña de la barra se sentó a tomar con J y algunas de las muchachas y no se percataron que el cliente bajó sólo, se sentó en la mesa y quienes lo vieron no notaron nada extraño por lo que al pagar la cuenta nadie preguntó por Tatiana, en la cámara dice la Mona –se ve que el man sale como si nada- y continuó diciéndome que a la media noche otro cliente de Tatiana fue a buscarla y fue cuando la señora del aseo bajó llorando a decirle a J que Tatiana estaba muerta en la habitación.

Me quedé paralizada, por mi cabeza pasaban tantas cosas, culpa por no haberme quedado más tiempo al menos hasta el cierre del bar porque siempre tuve el miedo de que algo así pasara entonces controlaba mucho el tiempo de ellas, sentía ira pues era el supuesto cliente que siempre le daba algo extra por ser una “niña buena” como ella lo decía. La Mona me contó más cosas que no esperaba, como que su nombre real no era Tatiana y que habían descubierto que sus papeles eran falsos, en pocas palabras el C.T.I. se la llevó como N.N., nunca se supo más de aquel cliente, las hipótesis quedan y nadie sabrá qué pasó, pudo ser celos por no atenderlo cuando el quiso, pudo ser que esa “niña buena”, de la que ella hablaba, esa noche fue asfixia desmedida, pudo ser bajo el efecto de las drogas y el alcohol pero como N.N. sin nadie que reclamara, nunca sabremos las causas reales de su muerte. Para evitar el escándalo de corrupción y drogas, entiendo que J y los demás socios tuvieron que pagar buen dinero por mantener ese acontecimiento sin mayor atención de las autoridades, nunca supimos de su familia pues al identificar sus papeles como falsos ninguna de las chicas de la zona quiso llamar y por eso muchas salieron del lugar. Quienes compartimos con ella guardaremos su recuerdo, Tatiana una mujer berraca, con sueños y preocupación por su familia, pero siempre me quedará a mi esa pregunta ¿Qué habría pasado si yo esa noche hubiera esperado hasta verla bajar para despedirme?

Luisa Fernanda Torres Ascanio*
Estudiante de Estadística
Universidad Santo Tomás

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y
no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.
ARTE-FACTO Revista de Estudiantes de Humanidades. ISSN 2619-421X (en línea) abril de 2021 No. 18

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