
Samanta Cerquera*
La educación ha transitado de un modelo rígido basado en la obediencia hacia una propuesta más dinámica y humanista. Este artículo explora ese recorrido, contrastando la tradición con la formación contemporánea y resaltando la importancia de integrar la expresión personal y la educación emocional en el aprendizaje.
La educación contemporánea es el resultado evolutivo de un modelo de educación inicial, la educación tradicional. El modelo tradicional surgió como una forma de transmitir el conocimiento, por esta razón la enseñanza se basaba en una estructura muy simple: emisión y recepción, autoridad y obediencia; roles que eran representados por el profesor y el estudiante respectivamente. El conocimiento, que en su mayoría lo albergaban libros, era otorgado al estudiante y este debía memorizarlo. El problema surgió cuando tanto estudiantes como maestros notaron discrepancias en dicho conocimiento, pues las ideas y opiniones naturalmente no pueden ser todas iguales. La educación ha evolucionado continuamente desde entonces, hasta lo que hoy conocemos como la educación contemporánea. Este modelo se basa en un método de enseñanza que le permite al estudiante construir el conocimiento, proponiendo ideas y opiniones y el profesor actúa como facilitador de nueva información que se vincula con los conocimientos previos, una estructura mucho más dinámica y activa que, además, involucra las herramientas digitales con las que hoy contamos, proponiendo un desarrollo aún más diverso del aprendizaje y, a su vez, se enfoca en la preparación de la vida laboral y personal, representando una diferencia considerable frente al modelo tradicional.
El contexto social en el que se desarrolla la educación tradicional puede ser difícil de imaginar en la actualidad, una representación clara de este contexto puede apreciarse en la película La Sociedad De Los Poetas Muertos, en la que se evidencia cómo el sistema educativo imponía un exceso de presión sobre el estudiante, sumado a las expectativas sociales impuestas a los hombres. Todd Anderson, uno de los personajes de esta película, es un claro ejemplo de la presión ejercida por los conceptos anteriormente mencionados. Todd es tímido e inseguro y tiene miedo constante a expresarse, producto de este modelo basado en disciplina, obediencia y rendimiento. Por influencia del profesor Keating, y gracias a sus métodos poco convencionales, Todd empieza a expresarse y a manifestar su propia identidad, comprendiendo que su voz tiene valor. Pero tras la muerte de su amigo Neil, quien representaba la posibilidad de ser diferente o libre aparentemente, además de un apoyo emocional; traza en su mente la crudeza del sistema, en el que tanto Todd como Neil se encontraban. Su muerte representa en él la pérdida de una imagen que admiraba… pero en la última escena se permite canalizar su dolor, como acto de valor y representación de un cambio, al despedirse de Keating de manera tan simbólica y honrando a su amigo. Todd reconoció la grieta del sistema, pero no había mucho que pudiera hacer. Así como él, a través del tiempo muchas personas la reconocieron y fue así como empezó a evidenciarse el cambio; lo que antes era una utopía, hoy es una realidad.
Podemos observar en la película al profesor Keating desafiando el modelo educativo tradicional, en la escena en que les pide a los estudiantes que lean un libro sobre poesía, libro que plantea ciertos criterios los cuales determinan la excelencia de un poema. El profesor les pide que arranquen esas páginas, “rompiendo” no solo la idea que sostenía el libro sino también esa estructura simple y pasiva donde el estudiante no puede cuestionar nada. Cuando les dice “piensen por ustedes mismos”, los está impulsando a sostener sus ideas y criterio, en vez de depender de fórmulas y gráficas, contradiciendo la idea de que el aprendizaje es la repetición de conceptos. En lugar de enseñar qué pensar, promueve cómo pensar, dando paso a una educación más humanística y crítica.
Podemos decir que el modelo contemporáneo representa una mejoría significativa en la educación, pero todavía hay oportunidad de mejora. Aunque las necesidades e ideas de los estudiantes hoy día se tienen más en cuenta, el valor de la expresión personal y la educación emocional es mínimo. Estos conceptos son fundamentales para el desarrollo integral, tanto de estudiantes como maestros. No basta con priorizar el conocimiento académico, sino que también hace falta crear espacios donde construyamos nuestra identidad.
Una buena educación, como base, puede cambiarlo todo, las oportunidades abundan, aunque muchos no tienen permitido hallarlas. Cada uno de nosotros representamos un rol en este sistema, en la sociedad. Por lo tanto, la responsabilidad de un cambio positivo recae en todos nosotros. El contexto social de una persona no puede ser lo único que determine su éxito o felicidad.
Referencias
Peter Weir (Director). (1989). La Sociedad De Los Poetas Muertos [Película]. Touchstone Pictures.
Ingenio y Conciencia Boletín Científico de la Escuela Superior Ciudad Sahagún. (2021). Perspectivas de la escuela tradicional, nueva y contemporánea.
Samanta Cerquera*
Estudiante de Estadística
Universidad Santo Tomás
Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.
ARTE-FACTO- Revista de Estudiantes de Humanidades ISSN 2619-421X (en línea), enero-junio 2026 No. 33

