Esta no es mi época

Nicole Rey Godoy*

El siglo XXI ha sido declarado "El siglo de las mujeres", se puede pensar que se está recogiendo los resultados de las luchas de muchas mujeres que a lo largo de la historia han protagonizado estos esfuerzos: el voto femenino, la igualdad en el acceso de la educación y la ciencia, el gobierno del cuerpo propio entre muchas otras; pero, cómo mujer te has puesto en los zapatos de las mujeres del medioevo, la protagonista de nuestra historia vivió esta experiencia que compartimos con ustedes.

A finales del siglo XIV, las opiniones expresadas por nosotras –las mujeres- están lejos de ser reconocidas como válidas frente a las problemáticas que abundan en la época. Es evidente que existen fallas en la estructura social, que tan solo pueden ser discutidas por hombres miembros de la nobleza y alguna mujer con suerte nacida en cuna de oro, a quien se le permite aprender de temas importantes y solo así puede ser tomada en cuenta frente a las mismas.

La desigualdad en la que nos encontramos sumergidas, significa que los hombres pueden tomar aquellas decisiones concernientes al funcionamiento social –decisiones políticas, económicas, religiosas- mientras nosotras debemos estar en casa limpiando, cocinando, y… haciendo “cosas de mujeres”. No sabemos qué es contar números y mucho menos leer o escribir. No porque no queramos aprender; sino porque, ante los ojos de la sociedad, está mal visto.

Me siento impotente, no entiendo por qué no puedo tomar decisiones acerca de mi estudio, ni tampoco entiendo por qué podemos ser repudiadas si desobedecemos. Al parecer, estoy en un mundo totalmente ajeno al mío, pero debo conocerlo bien, algo me hace permanecer aquí, rodeada de personas con pensamientos tan cerrados que no permiten explotar las mentes calladas que tienen tanto por decir.

A partir de esos sentimientos encontrados, llega a mí mente Christine de Pizán, una mujer de la que se habla mucho en las calles gracias a los privilegios que como mujer tiene. Primero su padre y luego su esposo, ambos pertenecientes a la nobleza, facilitaron su vida educativa. A los 15 años, los límites académicos y personales estaban más que alcanzados; casada, con hijos y completamente estudiada; alcanzó el equilibrio perfecto para la vida de una mujer en nuestra época.

Quiero aprender como ella, pero ni mi padre me lo permite, ni pertenezco a un mundo noble que me brinde la oportunidad de hacerlo. Sin importar lo dicho por él, mi madre me alentó a aprender lo que pudiera y por ello, fue repudiada y alejada de nuestro hogar. Es tan difícil de creer que esta es mi vida. Es imposible que los cielos me castiguen de esta forma, dejándome crecer en un mundo donde no puedo ser libre y arrebaten de mí al ser que más quiero. La necesidad de continuar en este lugar me atormenta.

En 1390 Christine perdió a su padre y poco tiempo después quedó viuda. Tenía 25 años cuando quedó a cargo de sus tres hijos, su madre y una sobrina. Tenía dos opciones; casarse de nuevo o pertenecer al claustro. Ella creó su propia opción: declararse escritora. Pizán sabía que era duro el camino, pero tomó el riesgo de cara a la sociedad.
Inspirada en esto, decido aprender por mi cuenta. Tomo algunos papeles que ni mi padre sabe leer bien e intento leerlos; comienzo a observar a las mujeres que me rodean, analizando quienes muestran insatisfacción con sus vidas. Es allí donde mi trabajo comienza.
Al cabo de un tiempo, formamos un grupo de mujeres con pensamiento libre y revolucionario. Las que, al igual que yo, no iban a quedarse de brazos cruzados. Nos reunimos todos los sábados por la noche para estudiar. Algunas mujeres saben más que otras, y así nos enseñamos mutuamente.

A mediados del siglo XV, un rumor corre por las calles. Dicen que al norte de Francia, en la ciudad de Arras, muchas mujeres están siendo quemadas en la hoguera por atentar contra la integridad de la Iglesia. ¿Por qué están atentando las mujeres contra la Iglesia? O más intrigante aún, ¿por qué eso es motivo para asesinarlas?
Cuando empezamos a estudiar acerca de la Iglesia y su influencia en el Estado, nos dimos cuenta que había muchas historias que no encajaban, partes ocultas de lo que sucedía, un sinfín de secretos que poco a poco seguirían destruyendo cualquier avance en la sociedad. La Iglesia tiene dos perspectivas de la mujer: la virgen María, como imagen de mujer cristiana ejemplar. Y Eva, como rebelde y pecadora. Al parecer, nosotras, las que tenemos sed de conocimiento, somos Eva.

Un sábado por la noche, nos enteramos que quienes fueron quemados -se decía- practicaban brujería y sus conocimientos “proporcionados por el diablo”, atentaban contra el Estado y la influencia Divina. Características como, usar plantas y animales con fines medicinales o no tener un hogar bien conformado, eran sinónimo de ser bruja. Al parecer, estas se reunían en aquelarres los sábados por la noche para hablar de sus planes maléficos, y no siendo esto suficiente a “fornicar con el diablo”.

Algo no encaja de nuevo en la historia… Nosotras también nos reunimos para hablar y estudiar los sábados por la noche, pero no somos brujas, no conocemos ni siquiera el significado de aquelarres y, ¡no fornicábamos con el diablo! El miedo recorre nuestros cuerpos sin piedad, sabemos perfectamente que se avecina la ira de la Iglesia contra nosotras…

Entre los siglos XV y XVI miles de mujeres murieron acusadas de brujería. Los aquelarres fueron exterminados, las persecuciones contra todos aquellos que profesaron una ideología distinta a la de la Iglesia fueron no solo tortuosas y abrumadoras, sino que llegaron a los límites de la perversidad humana; las mujeres que fueron acusadas de brujería, e incluso muchos animales que rondaban cerca de sus casas, también perecieron, al ser supuestamente usados para la hechicería.

***

De repente, desperté con el sentimiento de haber resucitado de una muerte trágica. Mi mente cree recordar la vida de una mujer que sufrió las injusticias del medioevo; pero, no la vida de las mujeres significativas, que marcaron el curso de la historia como Juana de Arco o Christine de Pizán sino como una mujer insignificante, que no marcó la historia por su cambio, pero sí como aquella que la sufrió por sus consecuencias. Cada vez que leo la historia e indago para conocer más de mi pasado y dar explicación al trato que aún hoy seguimos teniendo, se aviva la indignación que seguramente sintieron muchas mujeres años atrás.
Al parecer mi vida quedó en esos siglos, no sé si fue allí donde mi vida terminó o comenzó. Siento el dolor de cada cuerpo muerto y la impotencia de las mentes que se silenciaron. Parece como si en realidad, hubiese sufrido cada persecución de la época.

Todas las mañanas, tardes e incluso noches, en las que naufrago en medio de las escrituras que relatan todo lo sucedido en esas épocas que aún me atrapan. Parece que viviera nuevamente la vida de una víctima diferente sin tener la oportunidad de despertar o salir de allí hasta hacer mío el último de los sentimientos de ira y dolor que pudieron sentir ellas.

Hoy, en pleno siglo XXI, siento que la vida me dio una oportunidad más, frente a esa muerte trágica que tuve en medio de lecturas e imágenes ensoñadas. Me dio la oportunidad de seguir cambiando el curso de la historia, de abrir las puertas y los ojos para entender lo que sucedió, sucede, y puede suceder si no se abren las bocas y las manos para acabar con esa guerra constante de mentes y sexos.

  

Esta historia fue escrita teniendo como punto de partida la lectura de los siguientes textos:

Arribas, J. L. (diciembre de 2006). insumissia. Obtenido de Alternativa Antimilitarista- Moc: https://www.antimilitaristas.org/Las-mujeres-y-las-guerras-en-la-Edad-Media.html
Diaz, A. A. (2012). Christine de Pizán: Un nuevo modelo de mujer a través de las imágenes miniadas. Universidad de la Rioja, servicio de publicaciones.
GRAIÑO, C. S. (2008 ). La violencia sobre las mujeres en la Edad Media. Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 24-38.

 
Nicole Rey Godoy*
Estudiante de Gobierno y relaciones internacionales
Universidad Santo Tomás

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.
ARTE-FACTO Revista de Estudiantes de Humanidades. ISSN 2619-421X (en línea) octubre de 2019 No. 12

 

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