
Angie Pinto*
El proyecto Hitcha Guaia, cuyo nombre en lengua muisca significa “Madre Tierra”, busca promover el cuidado del medio ambiente y fortalecer el vínculo entre la comunidad educativa y la naturaleza a través de la creación de una huerta comunitaria escolar. Su propósito principal es integrar el arte, la biología y la educación ambiental como herramientas pedagógicas que favorecen aprendizajes significativos, sensibles y colaborativos.
Este ensayo fotográfico surge del interés por evidenciar, a través de la imagen y la reflexión artística, cómo el arte se convierte en un medio para comprender, valorar y cuidar la naturaleza, fomentando la conciencia ecológica, la participación comunitaria y el respeto por la vida. Como estudiante de Licenciatura en Artes Plásticas, me interesa explorar procesos educativos integrados que permitan a los niños descubrir el valor del aprendizaje interdisciplinar. En el Colegio San Bernardino de Bogotá, bajo la coordinación de la docente Blanca Peralta, el proyecto Hitcha Guaia ha permitido unir el arte, la biología y la educación ambiental para fortalecer los vínculos entre los niños, las familias y la comunidad, promoviendo el cuidado y amor hacia la Madre Tierra.
Durante mis prácticas artísticas, he podido observar cómo, mediante el arte, los niños desarrollan sensibilidad, empatía y sentido de pertenencia, comprendiendo la importancia del trabajo en equipo, la preservación del entorno y la unión entre diversas culturas. En Hitcha Guaia, cada semilla sembrada une a la comunidad, despierta la creatividad y recuerda que cuidar la tierra es también cuidar la vida.
Hitcha Guaia: Uniendo comunidades y familias a través del arte, la tierra y el cuidado compartido.
Hitcha Guaia, que en lengua muisca significa Madre Tierra, es una huerta comunitaria que surge por iniciativa de la Institución Educativa San Bernardino. Busca transformar un espacio antes deteriorado en un lugar de aprendizaje, arte y encuentro comunitario. El proyecto promueve la integración del arte, la educación ambiental y la biología, fomentando en los niños y sus familias el cuidado del entorno, la creatividad y la participación colectiva.

Imagen 1. Nuestro inicio. Vista del sector destinado a convertirse en el corazón de la comunidad, nuestro Pquyquy Muyska (Corazon de la gente), espacio donde se fortalecerá la creatividad, la participación comunitaria y el vínculo con la naturaleza.
El propósito principal es unir a la comunidad educativa, incluyendo estudiantes, familias y vecinos, promoviendo el cuidado del entorno y fortaleciendo los lazos sociales. Asimismo, el proyecto se concibe como un punto de encuentro intercultural, donde niños de diferentes contextos y etnias aprenden sobre cooperación, identidad cultural y respeto por la naturaleza.
De esta manera, la huerta se convierte en un espacio verde vivo que no solo mejora estéticamente el colegio, sino que también refleja la participación colectiva, la creatividad y el compromiso de la comunidad con la Madre Tierra y su entorno cercano.

Imagen 2. Limpieza y preparación del terreno.
Estudiantes y familias trabajando juntos para transformar un espacio deteriorado en una huerta comunitaria, dando los primeros pasos hacia un entorno educativo seguro y sostenible. Un espacio abandonado se convierte en Pquyquy Muyska (corazón de la gente), una huerta comunitaria donde arte, naturaleza y aprendizaje se encuentran.
Niños, familias, docentes y vecinos participan activamente en su diseño, siembra y cuidado, cultivando no solo plantas, sino también valores de cooperación, respeto por la naturaleza y sentido de pertenencia, fortaleciendo la educación ambiental, el arte y la colaboración. Cada acción refleja el compromiso de la comunidad con la Madre Tierra y con su entorno, convirtiendo este espacio en un símbolo de unión, educación ambiental y participación colectiva.

Imagen 3. Diseño colectivo de la huerta
Niños, docentes y familias planificando los bancales, senderos y áreas verdes, integrando el arte y la educación ambiental como herramientas pedagógicas de aprendizaje significativo.

Imagen 4. Actividades artísticas vinculadas a la huerta
Talleres de pintura, collage y murales realizados con materiales reciclables, donde los niños expresan su creatividad y aprenden sobre la naturaleza y la sostenibilidad.

Imagen 5.Centrada en el aprendizaje
En los talleres de pintura, collage y murales, los niños aprenden sobre sostenibilidad y cuidado ambiental,mientras desarrollan su expresión artística y creatividad en la huerta comunitaria.
Este proyecto, desarrollado en el marco de Hitcha Guaia, demuestra cómo la educación, la creatividad y el cuidado del entorno pueden transformar un terreno, fortalecer los lazos comunitarios y generar memoria, identidad y esperanza. Pquyquy Muyska se convierte así en un símbolo de que cuidar la tierra es también cuidar nuestra vida y nuestra comunidad.

Imagen 6. Mano a mano por la huerta
Niños, familias y docentes colaboran en la decoración y organización de la huerta, fortaleciendo los lazos comunitarios y promoviendo un sentido de cuidado compartido.

Imagen 7. Creciendo juntos
El trabajo colectivo en la huerta refleja cómo la cooperación y la constancia permiten transformar el espacio en un lugar de aprendizaje y vida comunitaria.

Imagen 8. Colores que unen
Murales creados por los estudiantes muestran la diversidad cultural y la identidad de la comunidad, mientras decoran la huerta y aprenden sobre el entorno natural.

Imagen 9. Corazón verde en acción
Cada intervención de los niños en la huerta simboliza aprendizaje, compromiso con la Madre Tierra y unión comunitaria, convirtiendo el espacio en un lugar educativo y simbólico.

Imagen 10. Manos que transforman
Cada niño aporta su esfuerzo en la decoración de la huerta, demostrando que el trabajo en equipo transforma espacios y fortalece la comunidad.

Imagen 11. Colaboración en acción
Familias y vecinos participan en la colocación de elementos decorativos y en la organización de la huerta, promoviendo unidad y responsabilidad compartida.

Imagen 12. Espacio vivo y creativo
La huerta se convierte en un lugar donde la creatividad, la cooperación y el respeto por la naturaleza se entrelazan, mostrando el valor del trabajo conjunto de la comunidad.
La huerta comunitaria Pquyquy Muyska (corazon de la gente) transformó un espacio olvidado en un corazón vivo de creatividad y unión, donde cada semilla, color y gesto refleja cuidado de la naturaleza, trabajo en equipo y memoria comunitaria, recordándonos que cultivar la tierra es también cultivar la vida y la esperanza juntos.
Angie Pinto*
Estudiante de Licenciatura en artes plásticas
Universidad Santo Tomás
Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.
ARTE-FACTO. Revista de Estudiantes de Humanidades. ISSN 2619-421X (en línea), enero-junio 2026 No. 33

