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Caminata vespertina
Juan Sebastián López*
Son las cinco y cincuenta de la tarde, del tercer sábado de marzo del año en curso. Las voces de los frailes entonando las vísperas fluyen, como hilillos de humo, a lo largo y ancho de la nave parabólica de cemento, estilo posconciliar, de la iglesia de Santo Domingo, en la carrera primera con sesenta y ocho. A medida que avanza la salmodia van llegando solos, en pareja o en familia, algunos feligreses, que se sientan a oír los cantos esperando a que arranque la celebración de la misa vespertina dominical.