Juan Sebastián Granados Rodríguez*

Bar de Bogotá, 1:26 AM.
Estuve mucho tiempo perdido entre los libros, creyendo que el mundo era mío, pero lo que yo no sabía era que hacia parte del mundo, me gustase o no.

Claudia María Moreno Gómez* y Jeison Andrés Cardona Zuluaga**

Este corto artículo busca mostrar el arte como parte importante en la construcción del género humano, tanto como para constituir un elemento importante para las generaciones de todos los tiempos; de manera prominente los humanos en cada época se han expresado por medio del arte y han generado reacciones importantes en los receptores, quienes a su vez cumplen una labor en la constitución de la obra, por ello es del interés de los autores constatar que las obras de arte pertenecen tanto a artistas como a receptores y por ello hacen parte de la constitución antropológica del hombre.

Nicolás David Pulido Yandi*
Más de 2000 personas habitan entre las cuadras de las calles novena, décima, la carrera 15 y carrera 15ª, allí encontramos una zona sin ley o al menos no jurídica, la única ley que domina en este lugar es una natural donde "el más fuerte sobrevive". Esta zona, conocida como el Bronx o cartucho, a inicios del siglo XX era un lugar exclusivo y lujoso donde la clase alta habitaba en casas con puertas y ventanas de estilo florentino y balcones donde hermosos cartuchos blancos colgaban; pero en 1949, luego del bogotazo, estos habitantes empiezan a trasladarse a lugares más al norte de Bogotá, por ejemplo, a la localidad de chapinero. En poco tiempo pasa de ser un lugar de clase a un lugar de drogas y prostitución donde operan pandillas y bandas criminales. Su nombre actual es similar al del barrio neoyorquino donde habitan pandillas y su población es mayormente afro y latinos.

Santiago Muñoz Mosquera*
El último de ellos volvió con las manos vacías. Era lógico, después de tantos años de idas y venidas, de trajines sin fin, en algún momento tenía que acabarse. Nada dura para siempre, comentaba uno de los comensales mientras pedía su segundo escocés doble a la mesera.

 *Santiago Muñoz Mosquera Ella volaba. Campos y montañas pasaban bajo sus pies con tan admirable irrelevancia. Volaba para aquí y para allá. A través de tormentas y huracanes.  Se perdía entre las espesas nubes para volver a aparecer del otro lado, sonriente y empapada. Volaba de edificio en edificio. Se paraba en las cornisas, saltaba y reía su caída. Pero cuando la muerte ya alzaba las manos para abrazarla entre su pecho, cambiaba el rumbo del destino como si la gravedad ahora la atrajera hacia el cielo y no hacia aquel pavimento adoquinado.

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