Juan Sebastián López*

Son las cinco y cincuenta de la tarde, del tercer sábado de marzo del año en curso. Las voces de los frailes entonando las vísperas fluyen, como hilillos de humo, a lo largo y ancho de la nave parabólica de cemento, estilo posconciliar, de la iglesia de Santo Domingo, en la carrera primera con sesenta y ocho. A medida que avanza la salmodia van llegando solos, en pareja o en familia, algunos feligreses, que se sientan a oír los cantos esperando a que arranque la celebración de la misa vespertina dominical.

Juan Sebastián Granados Rodríguez*

Para aquel entonces existían los cinco sentados en aquella mesa que perteneció a Dionisio I; invitados por Dédalo, Orfeo, Sísifo, Damocles e Ícaro tomaron su sitio alrededor del primero; habían pasado siglos desde la última vez que se habían visto, pero desde el inicio de la última era se había vuelto necesario que volvieran a la misma sala de antaño.

Inti Camilx Barrantes C*

De la miseria de mi cabeza sácame

Sácame de la miseria de mi cabeza
devuélvela al camino de la claridad
con amor y odio ella no piensa
se cega, se cega y al fondo caerá
sácame de la miseria de mi cabeza
por su puesto no es responsabilidad
dale un giro, mátala o confiesa
destripala y dile nunca más.

Inti Camilx Barrantes C*

Si alguna vez te vas no me olvides, no hagas el mayor esfuerzo por hacerlo, los días y las personas lo harán de a pocos. Soporta que lo duro pasa rápido o simplemente ven y muere conmigo. Sé que en otros momentos ya lo hiciste, no estas de lujos para derrochar más vidas. Perdona, cree, sé más que existencia. Acá te espero con la divinidad propia con la que nacen las personas como tú, estoy dispuesto a comerte, a seguir sin ojos, a palpar la fe. Estoy dispuesto a ser más humano y menos individuo. Coloco mi nombre hecho existencia en tus manos, transfórmalo que yo lo viviré. Dame caricias de las que te son difíciles, dame pasión cuando estés presente. Mi sol en este tiempo muere mientras lo revives en otros ojos. Por conocernos y amarnos doy gracias, por fascinarnos del mundo y su plaga. Por ver que la vida desvive y por ver que el amor siempre acaba.

Paula Andrea Canizales Ávila*

La galaxia entera lo conocía, la mayoría de planetas orbitando Centauri lo consideraban su protector; conocedor de todo lo creado gracias a sus millones de travesías por todo lo largo y ancho del infinito universo; por así mismo, planetas en guerra como Venus o Marte, más allá de todo lo conocido por los Alpha-Centauri veían a Cosmidog como una amenaza más que como un aliado más; generando estruendosos ataques a la aún desdichada criatura, quien solamente deseaba satisfacer su curiosidad, propia de su naturaleza y la principal razón de sus conocimientos sobre absolutamente todo lo que veía.

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