David Alejandro Salgado Buitrago*

Lo que varios ven como 22 hombres detrás de un balón simplemente, para muchos más es una pasión, un estilo de vida e incluso una religión. El fútbol mueve masas, la economía y la cultura. En algún momento existió la sensación de que algo le faltaba al espectáculo, no era lo mismo. Estadios vacíos, sin cánticos, sin gritos, sin groserías, sin grandes mosaicos en las tribunas, sin emoción a raíz de la pandemia era la razón de aquel sentimiento. Definitivamente lo que le hacía falta al fútbol durante todo este tiempo eran los hinchas; el padre y el hijo que domingo a domingo sin falta iban juntos a alentar a su equipo, aquel grupo de amigos que cantaban sin cesar durante 90 minutos buscando motivar al club de su ciudad. Y es que, durante varios años, sobre todo aquí en Colombia, existe un gran prejuicio hacia los hinchas furibundos, hacia las barras bravas, tienen la imagen, la percepción de que son vándalos, criminales, ladrones, drogadictos, entre otras cosas.

Stefanía Chisco González*

Quién iba a pensar que de sorpresa y sin esperar iba a llegar una pandemia. Desde que comenzó el confinamiento hasta ahora he pensado en esa sensación de caminar por las calles de la ciudad, a veces sola o a veces acompañada, de ver a mis amigos a diario, de irme a un parque a leer un rato o entrar a una cafetería a tomarme un café, de verdad lo extrañaba. Quizá mi idea de estar meses y meses en casa me parecía una idea loca, me parecía algo absurdo. Me encanta andar por las calles, ir a la universidad, llegar a casa, sacarme los zapatos, empezar a hacer trabajos y después acostarme. Esa rutina no me disgustaba, cada día pasaba algo diferente, puede sonar algo raro, pero de verdad que no había un día igual. Ahora todo es lo mismo, el confinamiento me hizo pensar cada noche que iba a planear al otro día para no agobiarme en estas cuatro paredes. Así es que empezó mi retorno a volver a hacer arte, llegó esa idea una noche de mucho aburrimiento y de mucha afición.

Blenda Victoria Ibarra Benítez*

Aún cuando te han anunciado la muerte, tan solo con unos segundos de haber nacido y llegado a este mundo, las fortalezas y ganas de vivir, sin tener noción de ello, pueden superar cualquier adversidad.

Editorial 2021

Camila Andrea Pabón Diaz*

El 2020 y el 2021 han sido años muy duros para el mundo en general, sin embargo, ahora que la población vacunada está cerca a ser la mayoría mundialmente, en donde en algunos países varía entre un 60% de la población a 30% como sucede en Colombia, se puede decir que un “después de” no está muy lejano. Llegados a este punto la sociedad debe preguntarse ¿Qué saqué de todo esto? En las calles se escuchan conversaciones como “quiero volver a la normalidad” incluso en redes sociales, quienes fueron las protagonistas de las relaciones sociales en estos tiempos, salen memes haciendo referencia a un “volver a lo que era”. ¿Realmente la sociedad quiere “volver a lo que era”?

Sebastián Sons Salamanca*

Llega enero, preparo mis maletas para viajar a la Plata, Huila en compañía de mi padre donde fue criado durante toda su infancia hasta los 18 años. Salimos a las 2 am de Bogotá para estar llegando a las 10 am, al entrar nos saludan los perros batiendo la cola de una forma muy alegre; por el sonido del carro, mis tíos salen a saludarnos y a darnos la bienvenida, nos hacen el desayuno, después hablamos con ellos para saber en qué trabajo les podemos ayudar en la finca. Allí hay cultivos de yuca, plátano, café, maíz y guanábana. Después de hacer nuestro trabajo en los diferentes cultivos, nos dirigimos a almorzar; descansamos media hora para seguir trabajando, luego nos espera un baño con agua caliente para finalizar nuestro día con la cena. Al día siguiente me despiertan a las 6 am para ordeñar las vacas, con la leche hacemos cuajada y pan, luego mi tío me pide que lo acompañe para coger café, agarramos dos bultos, lo descerezamos en una máquina, luego lo ponemos a secar al sol y por último lo colocamos otra vez en el bulto para ir a venderlo al comité de cafeteros de Colombia que queda en el pueblo; por la tarde hago el almuerzo en compañía de mi tía, pasado el tiempo decido ayudar a mi otro tío a podar las hojas de la mata de plátano para que no se seque por completo.

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